1 Antecedentes históricos
Entrado ya el siglo XXI, que nos trae la era de la globalización y el auge de los mercados financieros, el reino de Camboya aún intenta recuperarse de treinta años de guerra que asolaron el país. Compuesta por una sociedad basada en una economía agraria, que ha sufrido terribles shocks durante las tres últimas décadas, Camboya no conoció la paz hasta que las últimas facciones de los jemeres rojos entregaron las armas en diciembre de 1998. El horror marcado por los casi cuatro años de dominación completa del país por Pol Pot es difícil de olvidar, y estos años (1975-1979) cambiaron drásticamente una sociedad familiar y profundamente religiosa, transformándola en una sociedad teñida de traición, violencia, humillación y muerte gratuita. Más de dos millones de personas murieron durante esos años.
El sufrimiento del pueblo jemer se prolongó durante la ocupación por los vietnamitas en los años 80 hasta los Acuerdos de París de 1991 y el gobierno de transición de Naciones Unidas (UNTAC) durante los años 1992-93, que permitió la repatriación de 350.000 refugiados y la celebración de las primeras elecciones libres.
Situación económico-social:Los distintos conflictos que desde 1969 se han sucedido en el país, han destruido la gran mayoría de las infraestructuras (carreteras, sistemas de irrigación, etc) e incluso los recursos naturales: deforestación, cambio del curso del Mekong, campos inservibles por las minas antipersonas... Todo ello contribuye a que hoy Camboya alcance el puesto 136 de 174 países en el índice de Desarrollo Humano publicado por el Programa de Desarrollo de Naciones Unidas.
Con una población de 11.426.223 habitantes, se estima que el 36% de la misma vive por debajo de la línea de la pobreza, aumentando éste índice hasta el 42% si nos referimos a áreas rurales. Esto significa que 4 de cada 10 familias no pueden producir lo suficiente para cubrir sus necesidades más básicas, viviendo en la miseria o en riesgo de caer en ella. El índice de infección de VIH en Camboya (país libre de esta enfermedad hasta 1992) está ya entre los más altos de Asia.
El principal factor que lleva a la pobreza es la falta de acceso a la tierra, que tradicionalmente ha sido la red de seguridad de los camboyanos. En las áreas rurales esto se combina con oportunidades de trabajo muy limitadas, falta de capital y consecuente falta de acceso a los mercados. Incluso aquellos que poseen tierras a menudo tienen que venderlas para pagar facturas de hospitales o porque las ciudades (y en Siem Reap los hoteles) están creciendo. Sin embargo el dinero se gasta rápidamente y la familia se ve atrapada en un círculo de pobreza. Es común encontrar usureros en los pueblos que se aprovechan de esta situación de pobreza extrema, prestando dinero incluso a un interés anual del 250%, los pobres agricultores que viven al día se ven obligados a aceptar estas condiciones.
La media del núcleo familiar es de 5-6 personas. La tasa nacional de fertilidad es de 4,1 hijos por mujer, superándose en un punto la tasa en zonas rurales respecto a las zonas urbanas (4,3 y 3,3 respectivamente). Tras el frenazo en la pirámide de población provocado por los años del genocidio, en el presente la población está creciendo rápidamente, y hay muchísimos niños.
Nadie espera que Camboya afronte otra guerra, pero sí los desafíos que suponen la paz y el desarrollo humano. La economía global, para la que el país apenas ha tenido tiempo de prepararse, está haciendo aumentar enormemente la población de la capital, pero esta nueva prosperidad tiene escaso reflejo en las áreas rurales. Un cada vez mayor número de niños en Battambang se gana la vida recogiendo basuras. Para hacer frente a la pobreza y la carencia de tierras, muchos padres se van a trabajar a Tailandia como peones o en el servicio doméstico, o envían a sus hijos a realizar estos mismos trabajos.
Todas las infraestructuras sufrieron un vacío y abandono inimaginable durante los años 1975-1979. No sólo abandono sino que hospitales, escuelas, universidades, carreteras, puentes, todo fue destruido en aras de una sociedad agraria utópica. La falta de desarrollo del sistema educativo y la escasez de los salarios de los profesores lleva a que actualmente los alumnos se vean obligados a contratar a los profesores por las tardes para aprobar los cursos.
Las cifras que manejan las organizaciones internacionales sobre áreas minadas en Camboya arrojan unas cifras de 6 a 8 millones de minas o UXO’s (Unexploded Ordnainces) activas hoy en día en suelo camboyano, más de una mina para cada dos personas; y el número de víctimas de mina antipersona en 2004 sobrepasa el millar.
2. Contexto y Justificación
Tras el terror padecido en los años de dominación de los jemeres rojos, la sociedad camboyana afronta los años de reconstrucción y conquista de derechos y libertades. Para ello desde la Prefectura se estima de vital importancia la escolarización y educación de los jóvenes y niños. Recordemos que en los años de Pol Pot la educación era entendida como una forma de corromper la pura esencia humana, de forma que los colegios fueron quemados, destruidos y, en ocasiones como Toul Sleng actual museo del terror, usados como centro de torturas y matanzas.
En el mapa actual de Camboya es posible adivinar los lugares que fueron antiguos campos de batalla por la ubicación de las áreas más densamente minadas. Al terminar la guerra grupos de soldados se aventuran en estas zonas en busca de un lugar donde asentarse, de esta manera nacen pueblos en zonas de alto riesgo de minas. No solamente están minados los campos y bosques sino que el tejido social también está plagado de minas. Tantos años de guerra provocan una gran falta de confianza en el prójimo; todavía se cree que el vecino te puede traicionar. Además, sobre todo los hombres, el sentimiento paternal no existe, el cariño o la dignidad de los hijos no los tienen en cuenta. Casi todos combatieron en la guerra. Las mujeres sustentan la casa. Trabajan en el arrozal y preparan la comida. Los hijos son instrumentos de mano de obra.
Es en este contexto en el que nace nuestro campamento. Después de ver la vida de los niños; pidiendo en la calle de sol a sol. Después de ver esto decidimos ofrecerles la oportunidad de jugar, de aprender, de relacionarse con otros niños, de disfrutar durante unas semanas. Y, por supuesto, 3 comidas al día y 2 snacks. Después de toda la vida comiendo un plato de arroz antes de dormir, 5 comidas. Cinco.
Además, el campamento se ve complementado por el proyecto “Anatha” de escolarización para niños de la calle. Se puso en marcha en 2006 con el objetivo de atender las necesidades básicas de las familias de estos niños y, sobre todo, la escolarización de todos los niños que han asistido al campamento. De momento se ha conseguido que acudan al colegio más de 150 niños, se ha suplantado su trabajo en la calle por la entrega de arroz y el objetivo es continuar ampliándolo cada año.
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